Desvestirte, quitarte cada prenda desde los pies a la cabeza.
Contemplarte totalmente desnuda, meterte en la bañera y darle al grifo.
Cerrar los ojos, echar la cabeza atrás y sentir por toda tu piel
el riego desbordante que te limpia, te salpica y te sacude.
Dejar que el agua te empape mientras moja tus sentidos y los recubre.
Cesar de suspirar, aflojar las piernas, destensar la espalda.
Permitir abrir cada poro dejando que el agua purifique nuestra alma.
A veces, lo único que necesitamos es sólo esto.
Y si las cosas son tan sencillas, ¿por qué no somos capaces de limpiarnos antes?
Me encantan las duchas... son capaces de quitarte la suciedad de la mente! Las ideas son siempre más claras después de ellas...
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