
Era una noche fría y oscura.
Está tumbada en su cama sintiendo cómo sus nervios hacen un nudo en su pecho.
Intenta tranquilizarse mientras se pregunta, ¿dónde estoy?
Parece como si una parte de ella se la hubieran arrebatado.
Se siente confundida y perdida. No mira a través de la ventana, ni siquiera mira al techo.
Trata, sin éxito, de recomponer de nuevo los trozos rotos de su interior e intenta,
de mala gana, transportarse a su mundo muy lejos de donde estaba.
En su cabeza sólo sigue existiendo una pregunta, a la vez que resuenan las voces que la atormentan.
Después de una agotadora lucha con sus emociones, al fin lo consigue, se dice a sí misma:
-"Ya está. Ya pasó. Sé fuerte. Deja de llorar. Es hora de dormir."
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