A tan sólo unas horas de mi viaje montañero
pienso en la última vez que hice el camino peregrino.
Mientras preparo las maletas recuerdo lo poco que tienes que llevar
cuando vas a pasar el resto de tus días caminando.
Con la única actividad de descubrir y avanzar,
contemplando los lugares por donde te llevan tus pies.
Ellos son los verdaderos protagonistas y dependen de ti.
No son ninguna máquina creada para facilitarte la vida,
son la mejor herramienta para que aprendas a conocerte y a vivir.
Cargamos nuestro día a día con millones de cosas
y en esas experiencias te das cuenta de verdad lo que cuenta.
Vas a llevar contigo lo necesario y nada más.
Tu equipaje en esa travesía, será tu constante compañía.
Cuanto más ligero el peso de tu mochila, mejor continuarás.
¿Por qué no podríamos vivir así el resto del año?
Con lo único imprescindible, soltando todo lo innecesario...


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