Y ahora lo que nos une es un tablero con
letras
en las que escribes palabras insignificantes, carentes de sentido
alguno.
Que navegan libremente de un lado hacia otro, sin rumbo.
Palabras sin valor. Sin vida. Sin emoción.
Jugando a conseguir más
puntos, competiendo para ser las primeras.
Y da igual si suenan raras,
lejanas o que no se entiendan.
Palabras que nos dieron la vida y ahora
nos encarcelan.
No siempre es bueno fiarte de ellas...
No siempre es bueno fiarte de ellas...
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