Hoy iba a escribir sobre los artistas hasta que casi sufro un accidente.
Estaba con mi coche en la autovía de vuelta a casa, un domingo a las doce de la mañana. Situada en el medio de tres carriles. Iba normal, como tantas otras veces he recorrido ese mismo trayecto hasta que una mini furgoneta a mi derecha se quiso meter en mi carril. Lógicamente, di un volantazo hacia la izquierda sin darme tiempo a mirar y, por suerte, no tenía a nadie cerca.
Tampoco me llegué a pasar de carril, giré lo imprescindible para que no me diera.
El corazón se me puso a mil y lo último que pensé fue en pitar.
Cuando el tío se percató de mi presencia regularía y yo aceleré para distanciarme de él.
No hice ningún gesto ni levanté el brazo. Pero por dentro habría deseado cantarle bien las cuarenta.
En fin, yo no soy de atemorizarme por un sustito de mierda pero esta vez lo vi demasiado cerca.
No era la primera vez que me pasaba algo parecido, ni la primera que pienso "¡Ostia, ha estado cerca!"
Recuerdo dos o tres veces más que algún camión o autobús hace el amago (y sin amago) de pasar a mi carril como si no me vieran. Otras dos fueron distintas.
La primera, cuando se me paró/jodió mi primer coche (un golf del 95) en plena autovía y un camión detrás parece que no entendió bien,
aún con las luces de emergencia puestas, que el coche no me tiraba ni podía ir ya a una velocidad normal.
La siguiente fue hace poco cuando derrapé, por primera vez y única, en una rotonda con mi actual ford fiesta
(que también tuve suerte de que no hubiera nadie al lado porque si no, crash asegurado).
Con todo esto quiero decir que me quedé pensando.
Tan absorta en mis pensamientos que casi me paso la última salida a mi ciudad (habiendo como cinco o seis).
Pensé en que poco da igual si en un accidente de tráfico la culpa es tuya o de él.
Poco da igual. Puedes ser todo lo prudente y atento que quieras que como el 'destino' decida ir a por ti, no te salva nadie.
La vida, si se lo propone, puede ser muy perra.
Y tú puedes perderlo todo en una milésima.

Entonces... si todo es tan frágil y fugaz,
vivamos.
Vivamos de la mejor forma posible. Sintámonos afortunados.
Seamos agradecidos y demos TODO lo que tengamos.
Hagamos lo que de verdad nos importe. Intentemos ser felices.
La vida se puede acabar en un suspiro y éso no es lo peor de todo.
Lo peor de todo es que se acaben las vidas de quienes más queremos.
Por favor, sonriamos. Disfrutemos cada día como si fuera el primero en el que despertamos (sin dejarnos de maravillarnos) y, a la vez, disfrutemos como si fuera nuestro último día en la tierra.
Seamos felices y hagamos a los otros un poquito más felices.
En definitiva, nunca dejemos de ver la vida con alegría. Elige tu cristal más vital.
Id con paz,
De parte de una humilde servidora y, por siempre, vuestra dulce y eterna locura.