martes, 30 de septiembre de 2014

Arte

El arte no sólo está en las academias de bellas artes.
Ni exclusivamente en la persona que triunfa o el muerto de hambre.
El arte no es sólo una pintura, una pieza musical o una obra teatral.
Artista no es sólo quien se regodea con gente "antisistema",
se deleita sosteniendo un pincel sobre un lienzo o con el punteo de algún instrumento.

El arte es mucho más. Tan grande que puede abrumar.
Pero suele haber algo característico y compartido por todos los artistas. ¿Qué es?

Crean. Viven por y para el arte. 
El arte como forma de vida. 
El arte como necesidad.
La necesidad de expresar el mundo interior de cada uno. 
La necesidad de expresar todo lo que escapa a lo racional.
El arte no es sólo, simplemente, 
un regalo preciado, preso y liberado,
esclavo de nuestros sentidos incautados.

El arte es complejo. 
El arte es mucho más.
Es todo y es nada.

No es nada que puedas atrapar con los dedos.
Es todo lo que te rodea y deja huella.

                                                          El arte... ¿sabes?

 

El arte somos tú y yo.



domingo, 28 de septiembre de 2014

No a los finales imprevistos

Hoy iba a escribir sobre los artistas hasta que casi sufro un accidente.
Estaba con mi coche en la autovía de vuelta a casa, un domingo a las doce de la mañana. Situada en el medio de tres carriles. Iba normal, como tantas otras veces he recorrido ese mismo trayecto hasta que una mini furgoneta a mi derecha se quiso meter en mi carril. Lógicamente, di un volantazo hacia la izquierda sin darme tiempo a mirar y, por suerte, no tenía a nadie cerca. 
Tampoco me llegué a pasar de carril, giré lo imprescindible para que no me diera.
El corazón se me puso a mil y lo último que pensé fue en pitar.
Cuando el tío se percató de mi presencia regularía y yo aceleré para distanciarme de él.
No hice ningún gesto ni levanté el brazo. Pero por dentro habría deseado cantarle bien las cuarenta.

En fin, yo no soy de atemorizarme por un sustito de mierda pero esta vez lo vi demasiado cerca.
No era la primera vez que me pasaba algo parecido, ni la primera que pienso "¡Ostia, ha estado cerca!"
Recuerdo dos o tres veces más que algún camión o autobús hace el amago (y sin amago) de pasar a mi carril como si no me vieran. Otras dos fueron distintas.
La primera, cuando se me paró/jodió mi primer coche (un golf del 95) en plena autovía y un camión detrás parece que no entendió bien,
aún con las luces de emergencia puestas, que el coche no me tiraba ni podía ir ya a una velocidad normal.
La siguiente fue hace poco cuando derrapé, por primera vez y única, en una rotonda con mi actual ford fiesta
(que también tuve suerte de que no hubiera nadie al lado porque si no, crash asegurado).


Con todo esto quiero decir que me quedé pensando.
Tan absorta en mis pensamientos que casi me paso la última salida a mi ciudad (habiendo como cinco o seis).
Pensé en que poco da igual si en un accidente de tráfico la culpa es tuya o de él.
Poco da igual. Puedes ser todo lo prudente y atento que quieras que como el 'destino' decida ir a por ti, no te salva nadie.
La vida, si se lo propone, puede ser muy perra.
Y tú puedes perderlo todo en una milésima.


Entonces... si todo es tan frágil y fugaz, vivamos.
Vivamos de la mejor forma posible. Sintámonos afortunados. 
Seamos agradecidos y demos TODO lo que tengamos.
Hagamos lo que de verdad nos importe. Intentemos ser felices.

La vida se puede acabar en un suspiro y éso no es lo peor de todo.
Lo peor de todo es que se acaben las vidas de quienes más queremos.
Por favor, sonriamos. Disfrutemos cada día como si fuera el primero en el que despertamos (sin dejarnos de maravillarnos) y, a la vez, disfrutemos como si fuera nuestro último día en la tierra.

Seamos felices y hagamos a los otros un poquito más felices.

En definitiva, nunca dejemos de ver la vida con alegría. Elige tu cristal más vital.


Id con paz,



De parte de una humilde servidora y, por siempre, vuestra dulce y eterna locura.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Encuéntrame

Dime, estoy ahí. 
Bajo el negro que colorea mis pestañas,
sobre el suelo que pisan mis pies.

Dime qué ves 
detrás de mi mirada,
o en cada gesto de mi cara,
sigue mi piel,
al mover cada ligamento
de mis manos
o al alejarme tal vez.

No pronuncies palabra. 
Fíjate.
Descifra mis labios callados.
Quiéreme.

Sin gato encerrado,
sin miedos ni porqués.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Una buena ducha

Hay momentos en los que sólo necesitas una ducha.
Desvestirte, quitarte cada prenda desde los pies a la cabeza.
Contemplarte totalmente desnuda, meterte en la bañera y darle al grifo.

Cerrar los ojos, echar la cabeza atrás y sentir por toda tu piel
el riego desbordante que te limpia, te salpica y te sacude.
Dejar que el agua te empape mientras moja tus sentidos y los recubre.
Cesar de suspirar, aflojar las piernas, destensar la espalda.
Permitir abrir cada poro dejando que el agua purifique nuestra alma.

A veces, lo único que necesitamos es sólo esto.
Y si las cosas son tan sencillas, ¿por qué no somos capaces de limpiarnos antes?




martes, 23 de septiembre de 2014

Tocarte

Hoy, volví a tocarte.
Posé mis manos sobre ti y te sentí.
Regresé a un tiempo atrás donde tú eras algo más.
Me senté donde tantas veces lo había hecho 
y pude comprobar ese sabor intenso que brota
al hacer algo por primera vez, por placer.

Tocarte es un despliegue, un deleite.
Aunque a veces olvide lo que significas.
Pero no olvido lo que provocaste en mí.
Vuelvo a tocarte, posando cada uno de mis dedos 
y revivo sensaciones pasadas y nuevas 
de paz y bienestar, de alivio y sentido. 
Serenidad.

Tú siempre fuiste mi delirio y mi compás.
A veces te quiero fuerte y bravío, violento y destructivo.
Otras, lo que más necesito, es tu lado más delicado, suave y sumiso.
Que emane de tu sonido música celestial,
 que sea capaz de a mis demonios dominar.

Tú eres música y yo tu escucha.
Apaciguas mi cuerpo mientras me agito por dentro.
Eres arte y armonía, yo una espectadora pasiva.
Tú puedes conmigo, yo no sigo tu ritmo.

Pero aún así, disfruto tocándote.
Como aquella vez en los inicios,
como cada vez que escojo un papiro
lleno de signos transformados en jazz.
Para comenzar lo que nunca acaba,
para sentir de nuevo esa magia.

Hoy, sí. Vuelvo a tocarte
para recuperar mi raíz 
y fundirme en ti.



miércoles, 17 de septiembre de 2014

Preludio de lluvia


Seguía lloviendo ahí fuera,
recorría cada gota con la mirada 
a través del cristal humedecido.

Dentro estaba resguardada, al parecer,
porque esas cuatro paredes más que protegerte
me hacían sentir atrapada.

Continuaba absorta mirando la lluvia incesante y su baibén.
Contemplando su belleza y la forma en cómo vestía las calles.
Alimentando la hierba y dulcificando su aroma en mil tonalidades.

Yo seguía junto al cristal, sin querer estar ni afuera ni adentro.
Mientras mis ojos recorrían cada reguero,
tenía la certeza de que en algún momento, 
llegaría el día en que todo cambiaría
y, al fin,
pudiera disfrutar bajo la lluvia.

martes, 16 de septiembre de 2014

Trozos rotos


Era una noche fría y oscura.
Está tumbada en su cama sintiendo cómo sus nervios hacen un nudo en su pecho.
Intenta tranquilizarse mientras se pregunta, ¿dónde estoy?


Parece como si una parte de ella se la hubieran arrebatado.
Se siente confundida y perdida. No mira a través de la ventana, ni siquiera mira al techo.
Trata, sin éxito, de recomponer de nuevo los trozos rotos de su interior e intenta,
de mala gana, transportarse a su mundo muy lejos de donde estaba.


En su cabeza sólo sigue existiendo una pregunta, a la vez que resuenan las voces que la atormentan.
Después de una agotadora lucha con sus emociones, al fin lo consigue, se dice a sí misma:
-"Ya está. Ya pasó. Sé fuerte. Deja de llorar. Es hora de dormir."


miércoles, 10 de septiembre de 2014

La montaña



Lo que más me gusta de la montaña es que sólo existe ella.
Vas ascendiendo alejando de tu mente cualquier pensamiento.
En tu cabeza solo queda un lugar y es admirar.
Admiras los cielos, las laderas, los prados, las cabras, las vacas y hasta la niebla.
Admiras la tierra polvorienta en contraste con la vegetación exhuberante.
Admiras los cientos y cientos de metros traspasados,
la vertiginosa caída que encuentras a solo un vistazo. 


Caminas, y en cada paso encuentras sentido.
En la montaña la vida es algo distinto.
No hay atención más que ocupe su lugar,
ni nada mejor para lo cual, tus ojos enfocar.

Ella es inmensa. Sólo basta con que alces tu cabeza.
Parece inalcanzable y en tu caminar constante
aprendes a ser feliz con nada y todo a tu alcance.
No hay preocupaciones ni vagas distracciones.
El momento es ahora. El presente, cada paso al frente.

Vas con las manos vacías, apretando firmemente.
Y en la espalda cargado con lo suficiente.
Tus piernas te guían y tu corazón te sostiene.
Tu mente, de forma persistente, es lo más fuerte.
No importan las horas, el tiempo, el cansacio o sufrimiento.
Llegar hasta arriba es la mejor medicina.

 
 Lo que daría por ese dolor todos los días.
Seguiré luchando para hacer mis piernas resistentes
y mi corazón valiente.

 Por suerte, la montaña no desaparece.

Allí siempre seguirá en lo más alto, esperándote,
para proporcionarte un bienestar incalculable.

Un espectáculo, para todos tus sentidos, inigualable.


Así sí respiro. Menudo estreno el mío por los de Europa llamados Picos.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Mochilera



A tan sólo unas horas de mi viaje montañero
pienso en la última vez que hice el camino peregrino.

Mientras preparo las maletas recuerdo lo poco que tienes que llevar
cuando vas a pasar el resto de tus días caminando.
Con la única actividad de descubrir y avanzar,
contemplando los lugares por donde te llevan tus pies.

Ellos son los verdaderos protagonistas y dependen de ti.
No son ninguna máquina creada para facilitarte la vida,
son la mejor herramienta para que aprendas a conocerte y a vivir.

Cargamos nuestro día a día con millones de cosas
y en esas experiencias te das cuenta de verdad lo que cuenta.
Vas a llevar contigo lo necesario y nada más.

Tu equipaje en esa travesía, será tu constante compañía.
Cuanto más ligero el peso de tu mochila, mejor continuarás.

¿Por qué no podríamos vivir así el resto del año?
Con lo único imprescindible, soltando todo lo innecesario...