
A veces pienso en los locos.
No en esas personas que creen serlo por su falta de responsabilidad o prudencia. Por su forma desbordante de ser o ver la vida.
Sino en aquellas que viven en mundos distintos donde la realidad se transforma y cambia de nombre.
Personas incomprendidas e ignoradas. Personas que se enfrentan a sus propios fantasmas.
Batalleando constantemente con sus propias cabezas.
¿Cuál es el límite de la locura? ¿Cómo podemos controlar no traspasar a ese mundo?
Dicen que para crear o ser artista tienes que tener algo de loco, como si un poco de locura fuera la base para la creatividad, el aderezo, el impulso o la clave. Responsable de esa fuerza que te acciona a aventurarte y lanzarte.
Yo soy de esas personas que hablan consigo mismas. Y no sé cuánto de cierto habrá en la afirmación "estoy loca".
Lo que sí sé es que como un día pases esa línea, ya no hay marcha atrás.
En fin, ¿puede que al fin y al cabo todo sea control mental?
Por ahora, me mantengo en el lado de los cuerdos, aunque ya entiendo el porqué algunos escritores acaban confundiéndose.
Y como las frases me encantan, voy a dejar dos que no podrían enmarcar mejor el tema:
"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la
sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha
tomado la inteligente resolución de volverse loca."
"Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo."
Y de remate final, un último consejo: disfrutemos de la locura sana sin que ello acabe convirtiéndose en nuestro tormento.
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