El domingo pasado, en mi segundo fin de semana, ya visité lo más destacable de Irlanda.
Hablo de los famosos acantilados, los Cliffs of Moher, de unos 120m de altura.
Hicimos un tour desde Dublin, saliendo temprano a las 7 de la mañana.
Después de una parada intermedia llegamos a ellos. Teníamos sólo hora y media para transitarlos.
Me encantaron. Si a mí todo lo que sea cerca del mar... y la verdad que el tiempo no fue precisamente malo. Mucho viento como es típico.
Quise aprovechar bien el tiempo para ver lo máximo posible desde diferentes perspectivas. Nunca hay que darse por satisfecho desde sólo una o te dejarías mucho por ver y por lo que sorprenderte.
Después de aquello continuó nuestro bus hacia Burren con una mini parada de 15 minutos (eso es lo malo de los tours guiados). Lugar de paisaje kárstico y pedregoso en el cuál pudimos echar un vistazo para finalizar nuestra visita en Galway, una de las ciudades más importantes de Irlanda.
Galway me sorprendió a pesar del tiempo, que ya sí empezó a llover (estaba tardando, jeje).
El guía nos explicó unas cuantas cosillas rápidas y tuvimos otra hora y media para catarlo.
Aunque a decir verdad, estuvimos la mayor parte del tiempo en un cofee para celebrar un cumpleaños.
Aún así me gustó bastante y me quedaron las ganas de volver.
Me gustaron sus calles y bares, sus colorines y contrastes, sus travesías y abadías.

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