Hoy se cumplen dos semanas de mi llegada.
La primera, a decir verdad, tuvo sus pros y sus pegas.
Fue un no parar, un full-time. Aguantando lloros, gritos, peleas...
Y el caos que conlleva tener una casaza enorme con cuatro niños pequeños de muy corta diferencia de edad entre ellos llena de juguetes y más juguetes por todas partes, y eso sin hablar de toda la ropa que hay para tender y ordenar. Definitivamente, mejor tener una casa pequeña. Te hace la vida más fácil.
En mi primera semana y después de mucho meditar, hablé con la madre. No quería crear falsas esperanzas y soy de esas personas a las que les gusta cumplir su palabra, sin dar marcha atrás y siendo de fiar. Fue una conversación difícil porque en una semana ya te sensibilizas con la familia y sabes lo que necesita. Se puede llamar empatía y ellos necesitan ayuda, a veces es una locura. ¡Quién les mandaría tener cuatro hijos! Como dice la madre, la fábrica de bebés está cerrada (aunque, en mi opinión, debería haber cerrado un poco antes). Aun así, siguen siendo estupendos, todos y cada uno de ellos. La madre es encantadora aunque quizás sean los dos un poco flojos como padres...
¡Cuán importante es el orden y el silencio! Estoy aprendiendo mucho en esta casa sobre lo que quiero y no quiero.
Después de esa charla peliaguda continuamos y los días fueron mejorando, no así como el tiempo que puede llover, hacer viento, granizar o estar soleado en un mismo rato y es el culpable de que en mi primera semana ya haya cogido un resfriado. ¡Qué entretenido es este mes de mayo! Para mí lo peor sigue siendo el frío que yo ya soy friolera de por sí... y más cuando veo que en España está haciendo un calor de tres pares de narices. Todo el año esperándolo para luego irme jeje, pero aquí en esta vida no todo se puede tener.
Continuemos con más anécdotas. La verdad que me he acostumbrado muy bien a los horarios de aquí. No me ha costado nada adaptarme a comer a la una y cenar sobre las seis o siete. Me gusta saber que entiendo bastante bien el inglés aunque no sea capaz de formular yo una maldita frase en condiciones, pero bueno, que esto es tema de confianza y de práctica, no nos agobiemos.
En esta semana también hice muchas cosas. Cada día es una aventura y algo nuevo. Una nueva visita a vecinos, por ejemplo, o un nuevo paseo. Cada paso es un descubrimiento y eso me encanta. Adoro hacer y conocer cosas nuevas. Me gusta como el tener que aprender un nuevo idioma es un reto constante, en cierto aspecto, como volver a nacer. ¿Os acordáis de cuando no hablábais? Pues esto es como volver a hablar. Y me gusta. Aunque no avance al ritmo que quisiera, aunque me cueste la vida expresarme, aunque haya momentos en los que quiera mandar el idioma a la mierda, aunque sea un aprendizaje lento pero constante. Estoy ganando mucho oído gracias a la familia y con los niños siempre hay alguna palabra nueva por aprender. Es interesante.
También disfruto mirando a través de mi ventana, viendo sólo campo. Poder ver las nubes, los árboles y ningún edificio a mi alrededor, sin contaminación. Poder ver los cielos desde mi cama cambiando con el tiempo sus tonalidades. Es relajante.
Esta segunda semana está siendo mejor. Más reposada y consciente, menos angustiosa y agitante.
También me sorprende lo poco que echo de menos mi casa y todas mis cosas materiales (por no decir nada). A ver si en unos meses sigo pensando lo mismo, jaja.
Este finde, además, fue muy interesante. Ya salí de Moynalty y de tanto verde. Visité Dublin, los Cliffs, Burren y Galway, pero eso ya lo cuento en el siguiente.
Con fuerzas y ánimos para seguir avanzando, venciendo los agobios y los malos ratos.
Y siempre me preguntan '¿How are you?' Pues sí, definitavemente: I'm good.











No hay comentarios:
Publicar un comentario