¿No te sientes, a veces, como si fuéramos marionetas?
No sólo que no poseamos nada, sino que hasta el propio control de nosotros mismos nos lo han arrebatado. Y hablo en sentido amplio, casi abstracto. Sin pensar en culpabilizar a hombres o a gobiernos...
Seres sin vida pendientes de un hilo. Seres que recobran la "alegría" por las maniobras de los otros, por su ayuda, su función y su mando.
¿No parece que, a veces, estamos robotizados? Con nuestras rutinas, nuestros movimientos mecánicos, muchos de ellos aprendidos aparentemente desde que nacimos y otros que vamos adquiriendo con el paso del tiempo.
¿Cuándo nos daremos cuenta de que dentro de cada uno de nosotros hay algo que escapa a la vista de los demás, de su poder, de sus virtudes...?
¿Cuándo llegaremos a la conclusión de que somos autosuficientes?
A veces confundimos la dependencia con el miedo, con la angustia de no querer quedarnos solos.
Somos seres sociales y nos necesitamos, está claro. Pero... realmente; ¿Nosotros mismos nos conocemos?
¿Cómo pretendemos darnos a conocer si nostros mismos ni siquiera hacemos ese esfuerzo? Por saber lo que necesitamos, lo que queremos, saber de lo que seríamos capaces, conocer nuestros límites, nuestras debilidades, afrontar los miedos y combatir la soledad.
A mí, sinceramente, me gustan esos ratos de soledad. De disfrutar de la paz, tranquilidad y bienestar contigo mismo. Que tu única compañera sea tu voz interior, esa que tanto cuesta desconectar, ponerla en off y dejarla en blanco. No pensar... dejarte asaltar por las sensaciones que crean la vida que hay a tu alrededor. Y los creadores no son hombres buenos ni malos. Simplemente, naturaleza.
Naturaleza llena, singular, colorida y vivaz. Naturaleza envolvente, atrayente, fugaz y resplandeciente.
Veo un sendero en mi horizonte y algo me dice que debo atravesarlo sola.
Acompañada con la unión de la completa armonía de mí misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario