Planeamos pero ¿quién nos asegura que esos planes saldrán como tenemos pensado?
No hay fiabilidad ni certeza.
Estamos en cierta forma a expensas del destino, pisando en suelo que no es firme, sino resbaladizo.
Pero, aún así, aunque nuestros planes se tuerzan, yo intentaré enderezarlos, recuperar su forma natural para que puedan seguir ascendiendo en vertical.
Seguiré confiando y apostando por ellos, hasta que no se me demuestre lo contrario.
Seguiré confiando y apostando por ellos, hasta que no se me demuestre lo contrario.
Mirémoslo de este modo, ¿que el plan ya no sirve? Pues probemos a intentar cambios, a modificarlo. ¿Quién nos dice que esta nueva versión y remodelación no será al final mejor?
Sí claro, para eso hay que seguir empujando y, pacientemente, esperar con la fe a que las cosas saldrán bien.
“Cuando hay algo en ti que te dice que por eso vale la pena luchar, no importa nada más, sólo la fuerza de la seguridad y el amor que sientes por ello son el timón y la vela que actúa como motor.”
Asique levemos anclas y zarpemos con rumbo decisivo, incorrupto e inquebrantable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario