viernes, 4 de noviembre de 2011

Palabras... semivacías, semillenas.

Sé que este blog no lo lee nadie.
Y sé que a mí no me hace falta para, que en cierta forma, me sirva de ayuda.
He oído decir que escribir es una terapia, y estoy de acuerdo, uno cuando escribe libera su yo más íntimo.
Siempre he pensado que yo me expreso mejor escribiendo. No sé por qué, pero así es.
Aunque disponga del mismo tiempo para pensar las cosas, lo expreso mejor de este modo, mediante letras, palabras, frases... ¡Y lo que pueden llegar a hacer sentir estas hilirantes vocales y consonantes! Es asombroso...
Y es más, cuando estas letras, que salen de lo mejor de ti, como de forma inconsciente de lo más profundo de tu alma, están dedicadas, ya ni te cuento.
El poder de las palabras. Las palabras son culpables de enamoramientos, de rupturas, de guerras, de reconciliaciones. Son tan poderosas que pueden hacer mucho bien y mucho mal. Pueden provocar un dolor de por vida y una salvación eterna.
Yo creo en las palabras, creo en su poder y en su legado, depositado en nuestras manos.
Responsables de que millones y millones de hombres cambiaran sus vidas.
Y ese maravilloso poder lo poseemos. Hacemos uso de él constantemente.
Pero... ¿sabemos verdaderamente utilizarlo? ¿tenemos la suficiente seguridad en nosotros mismos para que las voces de otros no nos gobiernen? ¿nos falta cultura o simplemente somos ignorantes orgullosos? ¿somos capaces de afrontar las palabras que nos apuñalan? ¿vencemos a aquellos que las utilizan para hacer el mal?

En fin... y un sinfín de cosas más.
A mí me mueven las palabras que inspiran, que insinúan, que destacan por su brillo especial, por su belleza, su composición artística y por su unión ancestral.

¿Por qué no? Hagamos que las palabras bailen, disfruten, canten, griten, se subleven, sueñen y se enamoren.

2 comentarios:

  1. Se que el fin de este blog no es que te lea mucha gente, pero sabes que yo nunca falto a mi cita con tus palabras :)

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