Me considero una persona apasionada.
Pero mi pasión no es una, son varias.
He tenido tantas a lo largo del tiempo
que nunca me he decantado por una en concreto.
Esto, quizás, me haya llevado a ser mediocre en todas
y virtuosa o experta en ninguna de ellas.
Hay personas que consiguen concentrar toda su energía y atención en una cosa,
claramente, yo no soy de esas personas. ¿Por qué rechazar pues las demás aficiones que captan mi interés?
¿Por qué cerrar las puertas a actividades que, además de hacerme sentir viva, me provocan placer?
Sí. Quizás mi sino sea tocar todos los palos sin llegar a aferrarme por completo a ninguno de ellos.
A encontrar mi poética libertad en ese desprendimiento.
Pero ¿sabes la verdad? Me da igual. En mi pura mediocridad encuentro el goce.
Es así, disfrutando de tantas pasiones, como consigo hacer volar mi cabeza sin temores.
Aunque no consiga destacar, ni ser una profesional, aunque nunca llegue a ser una artista, pintora, fotógrafa, pianista o escritora. Mi libertad vale más.
Lo único que espero es no perder nunca las ganas de sostener en mis manos una cámara, de sacar unas rápidas instantáneas, disfrutar de la belleza exuberante que me proporcionan tantos y tantos lugares, saborear esas expresiones faciales que tanto dan por pensar, seguir sintiendo ese impulso que me incita a escribir mis sentimientos y reflexiones sobre un folio hambriento de ideas, aunque sean descabelladas o carentes de sentido alguno, de volverme a fijar en atardeceres y sentir la lluvia como un regalo del cielo acontecido por primera vez; de besar, abrazar y bailar como una loca, sin importar quién mire, de gritar y tener millones de orgasmos caídos precipitados en carcajadas descomunales, de no dejar de tocar al piano alguna canción del pasado y rodearme siempre de la gente que de verdad me sabe amar y apreciar. No precisamente por mi ignorancia, que bien es mucha, sino por mis facultades personales que deberé tener alguna.
Claro que tengo sueños y aspiraciones y no puedo poner la mano en el fuego por lo que haré en un futuro pero lo que sí sé es que me declaro una devota aficionada, una fiel y acérrima apasionada del arte en sus múltiples variantes. Ya sea arte mediocre o singular, trascendente o insignificante, de colór púrpura o grisáceo... Mi única pretensión es esperar que de mí, el arte nunca se aparte.
Como algún día leí
"la vida sin arte sería un error". Pues, queridos aficionados como yo, pongamos más atención a nuestro arte. Que sí, que no somos Picassos ni Beethovens, pero todos, aunque ni supiéramos de pequeños pintar una 'o', todos tenemos algo de arte en nuestro interior.