viernes, 3 de enero de 2014

Mis no propósitos.

Estas navidades es verdad que no he puesto adornos, ni un árbol para decorar.
No venero belenes, ni tengo en mi alcance lucecitas deslumbrantes.
Pero la realidad es que está siendo la navidad más especial, más mágica y romántica, más prometedora y colorida. Más ilusionante.
La vivida con más alegría. Las navidades más sentidas.

Este año, al contrario de los precedentes, no he pensado en propósitos. No he ideado un plan de objetivos a alcanzar. Este año me siento afortunada sin tener que pararme a reflexionar.
No necesito hacer balance para deducir que el 2013 me ha dado todo lo que, sin saberlo, llevaba mucho tiempo ansiando y queriendo. Ha sido, sin duda, un gran año. Un año espectacular.

He aprendido que las mejores cosas llegan solas y que no hay que buscar, sino saber ver y encontrar.
He aprendido que la vida da muchas vueltas y puede sorprenderte cuando menos te lo esperas.
He aprendido que los años no pasan sin sentido y que lo que quiera que sea el motivo, o llámalo destino, te pone las cosas en su momento específico.
Todo tiene su significado recorrido, su camino y su sentido.

Después de más de cuatro años, por fin pude tener mi primer automóvil, que aunque me durara 8 meses, y sus condiciones y estado del coche no fueran ni de lejos las mejores, me sirvió para superar todos los temores de mi escasa e inexistente anterior conducción.
A continuación, después de 3 meses volviendo al pedaleo y convirtiendo la piel de mis manos como la de un lagarto por el frío y viento, apareció, como del cielo, un coche 10 años más nuevo.

Y ya que estamos dejo más momentos del año para recordar: correr por el centro de Madrid con más de 16.000, la ruta de 'El Cerrón' con buenos compañeros y un guía mejor, mis viajes con buena compañía a Cagliari, Malta, Barcelona y más costa catalana, pasar frío en Rascafría, el cañón de Río Lobos con mis amigas, conocer el Norte (Asturias y Cantabria), probar el Surf y repetir (a pesar de no conseguir llegar a buen fin xD), los grandes findes de escapada, el dormir en la intemperie bajo un manto de estrellas, los pantanos, ríos y caminatas, las visitas culturales, monumentos, museos, y más artes, el Circo del Sol, el musical del Rey León, bañarse en el río de Alcalá y en una poza congelada, y acabar, de guinda, viajando por Extremadura y visitando Sevilla que sí es una maravilla. Y sin olvidar a mis dos niños, que llevan conmigo casi tres añitos, Bruno y Darío.

Volviendo atrás, este año no necesito planificar.
Mi meta es vivir el presente sin más y hacer que cada día sea especial.
Vivir sanamente y feliz y conservar lo que realmente me hace estar así.
No quiero propósitos, prefiero una vida repleta de momentos inesperados y preciosos.
Sentir, en cada instante, la pasión, el amor y la ilusión. Esa que parece que perdemos cuando crecemos. Aquella misma que te deja perpleja con la boca abierta.
No perder esa emoción que sientes cuando algo te sorprende.
¡Hagamos que nos duela la cara de tantas carcajadas!

Mi propósito es no dejar de sorprenderme.
Recordar los grandes momentos y rebasarlos con el paso del tiempo.
No dejar de viajar, de descubrir, aprender e inventar.
Seguir teniendo mil y una aventuras y disfrutando de las pequeñas locuras.
No seguir siendo una más, ni dejarse llevar por lo que opinen lo demás.
Confiar y creer, siendo capaz de conocerme cada día más.
Valorar cada segundo y lugar. No parar.

Mantener constante ese motor que me impulsa a la acción. Y permitirme, de vez en cuando, navegar sin control.
Ser un volcán, un huracán.
Y soñar... soñar para cumplir tus sueños.
Vivir por fin en sintonía y feliz.

A este año le pido lo que me ha dado en los últimos 6 meses del 2013.
Le pido volver a bailar, gritar y cantar. A perderme y sentirme fuera de este mundo.
A seguir alucinando sin parar. A llegar a sentir tantas cosas que ni me reconozca.
A sentirme pletórica y quedarme 'flipá'.

Le vuelvo a pedir que me siga dando por muchos años todo esto que me ha descubierto y que ha generado una nueva Esther.
Una Esther que ya existía pero estaba medio dormida. Una Esther que ha vuelto a nacer.
Rompiendo las cadenas que silenciaban sus sueños. Dando alas a sus más íntimos deseos.
Desatando el duelo, alcanzando el cielo. Desplegando la luz que oculta la sombra, brillando sin desvelo.

Y sí, doy gracias, porque esta Esther renovada nunca antes se había sentido más viva y afortunada.
Por todo ello, y aunque me crea incapaz de expresarlo con palabras, me siento agradecida y finalizo, aunque me repita, con la palabra que más se ajusta a mi dicha, de todo corazón, desde mi interior, un sentido y enorme: GRACIAS.

Paz y Amor




- Dulce Locura -