Estas navidades es verdad que no he
puesto adornos, ni un árbol para decorar.
No venero belenes, ni tengo en mi
alcance lucecitas deslumbrantes.
Pero la realidad es que está siendo la
navidad más especial, más mágica y romántica, más prometedora y
colorida. Más ilusionante.
La vivida con más alegría. Las
navidades más sentidas.
Este año, al contrario de los
precedentes, no he pensado en propósitos. No he ideado un plan de
objetivos a alcanzar. Este año me siento afortunada sin tener que
pararme a reflexionar.
No necesito hacer balance para deducir
que el 2013 me ha dado todo lo que, sin saberlo, llevaba mucho tiempo
ansiando y queriendo. Ha sido, sin duda, un gran año. Un año
espectacular.
He aprendido que las mejores cosas
llegan solas y que no hay que buscar, sino saber ver y encontrar.
He aprendido que la vida da muchas
vueltas y puede sorprenderte cuando menos te lo esperas.
He aprendido que los años no pasan sin
sentido y que lo que quiera que sea el motivo, o llámalo destino, te
pone las cosas en su momento específico.
Todo tiene su significado recorrido, su
camino y su sentido.
Después de más de cuatro años, por
fin pude tener mi primer automóvil, que aunque me durara 8 meses, y
sus condiciones y estado del coche no fueran ni de lejos las mejores,
me sirvió para superar todos los temores de mi escasa e inexistente
anterior conducción.
A continuación, después de 3 meses
volviendo al pedaleo y convirtiendo la piel de mis manos como la de
un lagarto por el frío y viento, apareció, como del cielo, un coche
10 años más nuevo.
Y ya que estamos dejo más momentos del
año para recordar: correr por el centro de Madrid con más de
16.000, la ruta de 'El Cerrón' con buenos compañeros y un guía
mejor, mis viajes con buena compañía a Cagliari, Malta, Barcelona y
más costa catalana, pasar frío en Rascafría, el cañón de Río
Lobos con mis amigas, conocer el Norte (Asturias y Cantabria), probar
el Surf y repetir (a pesar de no conseguir llegar a buen fin xD), los
grandes findes de escapada, el dormir en la intemperie bajo un manto
de estrellas, los pantanos, ríos y caminatas, las visitas
culturales, monumentos, museos, y más artes, el Circo del Sol, el
musical del Rey León, bañarse en el río de Alcalá y en una poza
congelada, y acabar, de guinda, viajando por Extremadura y visitando
Sevilla que sí es una maravilla. Y sin olvidar a mis dos niños, que
llevan conmigo casi tres añitos, Bruno y Darío.
Volviendo atrás, este año no necesito
planificar.
Mi meta es vivir el presente sin más y
hacer que cada día sea especial.
Vivir sanamente y feliz y conservar lo
que realmente me hace estar así.
No quiero propósitos, prefiero una
vida repleta de momentos inesperados y preciosos.
Sentir, en cada instante, la pasión,
el amor y la ilusión. Esa que parece que perdemos cuando crecemos.
Aquella misma que te deja perpleja con la boca abierta.
No perder esa emoción que sientes
cuando algo te sorprende.
¡Hagamos que nos duela la cara de
tantas carcajadas!
Mi propósito es no dejar de
sorprenderme.
Recordar los grandes momentos y
rebasarlos con el paso del tiempo.
No dejar de viajar, de descubrir,
aprender e inventar.
Seguir teniendo mil y una aventuras y
disfrutando de las pequeñas locuras.
No seguir siendo una más, ni dejarse
llevar por lo que opinen lo demás.
Confiar y creer, siendo capaz de
conocerme cada día más.
Valorar cada segundo y lugar. No parar.
Mantener constante ese motor que me
impulsa a la acción. Y permitirme, de vez en cuando, navegar sin
control.
Ser un volcán, un huracán.
Y soñar... soñar para cumplir tus
sueños.
Vivir por fin en sintonía y feliz.
A este año le pido lo que me ha dado
en los últimos 6 meses del 2013.
Le pido volver a bailar, gritar y
cantar. A perderme y sentirme fuera de este mundo.
A seguir alucinando sin parar. A llegar
a sentir tantas cosas que ni me reconozca.
A sentirme pletórica y quedarme
'flipá'.
Le vuelvo a pedir que me siga dando por
muchos años todo esto que me ha descubierto y que ha generado una
nueva Esther.
Una Esther que ya existía pero estaba
medio dormida. Una Esther que ha vuelto a nacer.
Rompiendo las cadenas que silenciaban
sus sueños. Dando alas a sus más íntimos deseos.
Desatando el duelo, alcanzando el
cielo. Desplegando la luz que oculta la sombra, brillando sin
desvelo.
Y sí, doy gracias, porque esta Esther
renovada nunca antes se había sentido más viva y afortunada.
Por todo ello, y aunque me crea incapaz
de expresarlo con palabras, me siento agradecida y finalizo, aunque
me repita, con la palabra que más se ajusta a mi dicha, de todo
corazón, desde mi interior, un sentido y enorme: GRACIAS.
Paz y Amor
- Dulce Locura -
