Puede que mi cuerpo descanse, pero no mi alma...
¡Qué frase más cierta! ¿Cuántas veces hemos pensado en el hecho de dormir para poder descansar pero después nos levantamos y acabamos el día sintiéndonos mal por no haber aprovechado ese tiempo mientras dormíamos demasiado?
La verdad, cuando tu cuerpo se resiente, tu mente también y si tu mente se resiente afecta a tu cuerpo.
No son dos realidades separadas sino que están unidas y bien relacionadas. Forman parte de los conjuntos complementarios.
No hay bienestar si alguno de los dos no está en paz, no está descansado o no se siente bien.
Siempre me han gustado los extremos, por sus relaciones, no hay día sin noche, alegrías sin tristezas, amor sin dolor, blanco sin negro, bondad sin maldad... me gustan los opuestos para analizarlos, ver en qué proporción está cada uno, observar el equilibrio que mantiene la balanza en pie. El punto medio anhelado que todo lo purifica, lo transforma, lo embellece. Pero... ¿por qué? Porque ese punto tiene de los 2 polos, del bueno y del malo, del Norte y del Sur. Conforma la mezcla perfecta.
Personas equilibradas pienso que hay pocas... solemos tender a uno de los dos extremos e interpretarlo todo dependiendo de ello, de nuestra frágil percepción...
La verdad, me encanta el equilibrio pero cuando te deja un campo de acción y no todo es plano. Siempre lo he pensado, a veces hay que dejarse llevar por las fantasías, los impulsos, los sueños, las locuras... La vida no es vida sin esa chispita, sin arriesgarse, sin tirarse de vez en cuando a la piscina. Esto me recuerda al color rojo. Concentraros en él... ¿Qué veis? a mí me inspira y me incita a la pasión, a los impulsos, a la acción. Fuerza, riesgo, movimiento...
En la vida hay que arriesgarse y no estaría de más, de vez en cuando, teñirnos un poco de color de rojo.


